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El Toyota 4Runner de cuarta generación (2003-2009) es un ícono entre los entusiastas del off-road, y no es para menos: fue el único modelo de su saga en ofrecer un motor V8 de fábrica. Bajo su capó rugía el legendario 4.7 litros 2UZ-FE, un bloque de hierro que se ganó fama de indestructible al alcanzar cifras de kilometraje de siete dígitos con solo mantenimiento básico. Este motor, compartido con modelos como el Land Cruiser, Sequoia y Tundra, comenzó entregando 235 CV en sus primeros años, pero a partir de 2005 incorporó la tecnología VVTi de Toyota, elevando su potencia a 270 CV y 320 lb-pie de par. El sonido que produce, especialmente con un sistema de escape aftermarket, recuerda al de un muscle truck estadounidense clásico.
Pero el V8 no solo destacaba por su sonido o fiabilidad: también por su capacidad de remolque. Mientras que los 4Runner de sexta generación (2025) se quedan en cifras modestas, el V8 de cuarta generación podía arrastrar hasta 7.300 libras (3.311 kg) con tracción 2WD o 7.000 libras (3.175 kg) en 4WD, gracias a un chasis reforzado y un enganche distribuidor de peso. Esto lo convertía en la opción ideal para transportar caravanas, barcos o remolques pesados, algo que los modelos posteriores no lograron igualar. Eso sí, los compradores de V8 tenían que conformarse con tracción permanente 4WD o 2WD, sin la flexibilidad de los sistemas multimodo de los V6.

La escasez es otro factor clave. Toyota eliminó el V8 en 2010 con la llegada de la quinta generación, dejando solo motores de cuatro y seis cilindros. Hoy, encontrar un 4Runner V8 en buen estado es como buscar un unicornio: la mayoría superan los 200.000 o incluso 300.000 millas, y aunque el motor aguanta, el resto del vehículo sufre el paso del tiempo. Los riesgos más comunes incluyen óxido en el chasis (especialmente en estados con sal en las carreteras), fallos en la bomba de inyección de aire que pueden poner la ECU en modo seguro, y grietas en los colectores de escape que generan un molesto sonido de tictac. Además, al ser un motor con correa de distribución (no cadena), es vital verificar que se haya cambiado cada 90.000 millas.

A pesar de estos puntos débiles, la demanda por estos 4Runner no para de crecer. Representan una era dorada de la ingeniería Toyota, justo antes de que las pantallas gigantes y los sistemas de conducción automatizados se adueñaran de los habitáculos. Y aunque su precio en el mercado de segunda mano puede superar los 25.000 dólares por unidades impecables, para muchos sigue siendo una inversión segura: un SUV que combina robustez, sonido épico y capacidad de remolque sin igual en su segmento.

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Fuente: Jalopnik (Auto Culture & Tuning)
Source: Jalopnik (Auto Culture & Tuning) (jalopnik.com)