El proyecto de 13 años de Bad Obsession Motorsports: vale la pena verlo desde el primer minuto

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El tiempo es un enemigo implacable, y más aún cuando se trata de un proyecto de coche que se alarga más de lo esperado. Así le pasó a Nik Blackhurst y Richard Brunning, los fundadores de Bad Obsession Motorsports, quienes en 2011 decidieron embarcarse en una locura mecánica: fusionar un Toyota Celica GT4 turbo de tracción integral con un Mini clásico oxidado para crear algo que, a simple vista, parecía un Mini… pero que rugía como un bólido de rally. El resultado fue Project Binky, un experimento de ingeniería casera que se convirtió en un fenómeno viral en YouTube y que, tras 13 años de trabajo intermitente, sigue evolucionando sin prisa pero sin pausa.

Lo más fascinante de este proyecto no es solo el resultado final —que, por cierto, ya rueda y circula—, sino el proceso detrás. Bad Obsession no tuvo el lujo de contar con impresoras 3D o escáneres 3D al alcance de la mano cuando empezaron. Todo se hizo a mano: midiendo con calibradores, diseñando piezas en CAD desde cero y maquinando componentes en el taller. Cada episodio de su serie en YouTube es una clase magistral de cómo resolver problemas de ingeniería con recursos limitados. Desde reconfigurar el sistema de accionamiento del alternador (pasando de un cableado directo a un sistema de ejes y correas dentadas) hasta encajar diez litros de componentes en un espacio diseñado para cinco, cada paso está documentado con un humor ácido y una honestidad brutal.

El canal de Bad Obsession Motorsports no es el típico hervidero de coches con cuatro cifras de caballos y patrocinios millonarios. Es un espacio donde dos tipos normales, con trabajos diurnos y pasión por los hierros, demuestran que la creatividad y el sudor pueden superar a cualquier presupuesto. Sus proyectos no son rápidos ni perfectos: hay meses en los que no suben nada, y otros en los que sorprenden con avances que dejan con la boca abierta.

Pero Project Binky no fue su única aventura. En plena pandemia de 2020, los chicos se lanzaron a un segundo proyecto: un Citroën C1 modificado para competir en una categoría de coches de carreras económicos organizada por el British Racing & Sports Car Club. Con un presupuesto ajustado y un reglamento minimalista, se las ingeniaron para añadir refuerzos caseros (como un soporte trasero para el eje que imitaba un anti-roll bar prohibido) y convertir un utilitario francés en una máquina de competición low-cost. La creatividad, una vez más, fue su mejor aliada.

Si aún no conoces el canal de Bad Obsession Motorsports, este es el momento perfecto para ponerse al día. No es un proyecto que se consuma en un fin de semana: son más de cien horas de contenido que merece la pena ver de principio a fin. No es un coche bonito ni pulido, pero es auténtico, y eso, en un mundo lleno de réplicas y kits prefabricados, es más valioso que cualquier cifra de potencia.

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Fuente: Jalopnik (Auto Culture & Tuning)

Source: Jalopnik (Auto Culture & Tuning) (jalopnik.com)